“Un cantor de la patria”

“Un cantor de la patria”

Emotivas fueron las palabras de Alfonso Gómez Méndez al referirse a su amigo Jorge Villamil como artista y compositor, además de resaltar su sentido patriótico y describirlo como el registro musical de la historia colombiana.

Teatro de Bellas Artes de Bogotá
18 de febrero de 2009

Palabras del Dr. Alfonso Gómez Méndez. Oferente al Homenaje Nacional “Tres leyendas vivas musicales” Rafael Escalona, Jorge Villamil y Dueto Silva y Villalba.

La generosidad sin límites de Doris Morera de Castro, alma y nervio del ya tradicional concurso “Príncipes de la canción” y Presidenta del Consejo Directivo de la Fundación Musical de Colombia, me tiene aquí, casi hablando, sin títulos para ello, de una de las con justísima razón llamada “tres leyendas vivas musicales”, el maestro y amigo Jorge Villamil Cordobés.

Probablemente la única razón válida para no sentirme tan mal es el hecho de haber visto la luz primera, como el maestro, en el Tolima grande, y por lo tanto vibrar como él con la música de nuestra tierra.

Hablar de Jorge Villamil, con cuyas canciones tantos colombianos han acompañado amores y desamores, alegrías y nostalgias, noches de bohemia e infinitas tristezas, es pensar todo lo bueno, lo malo, lo amable y lo triste que ha pasado en esta Colombia que nos duele y queremos, a partir de la década del cincuenta.

De la provincia huilense, viene a la capital para convertirse en medico, profesión, que aún cuando ejerció con éxito no logró alejarlo de su verdadera vocación como cantor de la tierra, sus gentes y conocer lo profundo del alma humana. Con razón decía un gran pensador que “solamente tiene dimensión universal quien conoce profundamente su aldea”, Villamil es un provinciano universal.

Sus canciones, verdaderos poemas, son un canto a su gente, sus costumbres, sus penas de amor, el arraigo al terruño y también a las dolencias de la Nación.

Siendo estudiante, compone piezas universales como “Vieja hacienda del cedral”, que narra la cohabitación entre el hombre y su entorno, o describe la nostalgia al abandonar el solar nativo en “Adiós al Huila”. Pero nos lleva también la imagen del joven enamorado de la trapichera, la de los labios en flor cuyo movimiento de caderas al andar despierta la pasión de un adolescente enamorado que desdeña la ira y el poder del patrón.

En “Espumas” -otro clásico de nuestra música-, quedó plasmada la nostalgia por el amor perdido de la mujer amada. En centenares de composiciones Villamil refleja los distintos estadios del amor: ilusión, pasión, incomprensión, pero también traición, esperanza y desesperanza.

Igualmente, narra las crueldades del amor, que a veces pasa por la venganza, como cuando la amada ignorada, un día le dice quien la desdeño, y va tardíamente a buscarla, en “Cruz sin nombre”, “ese amor que tú mataste un día, no intentes desenterrarlo, ya perdiste la ocasión”.

Pero también le canta al amor frustrado de María Manuela, la alegre solterona, maestra de escuela en Neiva que vivió al comienzo del siglo XX y que se desquitaba con su viperina lengua, arrancando las plumas del honor de casadas y de viudas.

Jorge como médico y poeta ha sentido las pulsaciones del corazón de la patria, por eso ha reflejado en muchas de sus canciones los angustiosos problemas que nos agobian. En “El retorno de José dolores”, (vuelvo solo y vengo triste me llaman José dolores vuelvo a mi tierra querida a cantar mis sabores), compuesta por los días en que parecía ponerse fin a la violencia liberal –conservadora, parece haber sido escrita hoy pensando en los millones de desplazados que sigue dejando esta absurda guerra fratricida.

Pero quien lo creyera, el maestro en un momento de su vida terminó afectado por esta locura de la violencia cuando fue torpemente detenido por ayudar a la liberación de un secuestrado. Dejó como testimonio artístico “El detenido”, en la que de manera jocosa describe la situación absurda que vivió en frases como “pronto lo sabe Cornelio porque le avisa el tuerto gentil”, o “que se enteró el Presidente (López Michelsen) y que le manda a decir que tiene que ser prudente”.

En plena época del narcoterrorismo de finales de la década del ochenta compone “Los aserríos”, sentido llamado al fin de la violencia, pidiendo que “a nuestra tierra hay que salvarla. Necesitamos amor que se depongan las armas…..”

Sin hipérbole, puede decirse que el maestro Villamil es un verdadero “cantor de la patria”, es un excepcional ser humano dotado de una infinita sensibilidad que sabe sentir, amar, reír, llorar y soñar.

Este homenaje, es apenas uno de los tantos que se merece el maestro, Colombia lo quiere lo respeta y lo admira, no ha sido solo un poeta, un músico, un compositor, sino un profundo enamorado de su terruño y de sus gentes.

Un país agradecido, quiere decirle hoy maestro Villamil, en la cumbre de su vida y de su producción artística, mil gracias por hacernos sentir orgullosos de ser colombianos.

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